Un estudio publicado el mes pasado había demostrado una correlación entre el aumento del tiempo de juego y las roturas del tendón de Aquiles. La NBA ha puesto en duda en repetidas ocasiones esta conclusión.
En el estudio de la Universidad de California en San Francisco se analizaron en profundidad las 19 roturas del tendón de Aquiles sufridas por jugadores de la NBA en los últimos once años. Para ello, se llevó a cabo un análisis de diversos factores, entre los que se incluían el tiempo de juego previo a la lesión, la intensidad de los partidos, la edad del jugador, su posición y su papel en el equipo, así como las lesiones sufridas en la juventud. Solo se pudo establecer una correlación, es decir, una relación estadística, en relación con el tiempo de juego.
El motivo del estudio fue el notable aumento reciente de este tipo de lesiones. Si bien en toda la historia de la NBA nunca se habían registrado más de cuatro jugadores con rotura del tendón de Aquiles en una misma temporada, durante la temporada 2024/25 la cifra ascendió a siete. Entre ellos se encontraban las superestrellas Tyrese Haliburton, Jayson Tatum y Damian Lillard. Por cierto, en la temporada que acaba de terminar, la cifra se redujo a un solo jugador (Donte DiVincenzo).
La NBA ve «limitaciones metodológicas» en el estudio
En la conclusión del estudio, los autores explicaron que en los afectados «se detectaron picos de esfuerzo considerables en los diez a quince partidos previos a una rotura del tendón de Aquiles».
La NBA pone en duda esta interpretación. El Dr. John DiFiori, director del departamento de medicina deportiva de la liga, declaró: «Aunque acogemos con agrado los nuevos resultados de la investigación, consideramos que la última publicación sobre este tema presenta importantes limitaciones metodológicas».
Aunque no se especificó a qué se refería exactamente, añadió a continuación que los datos de la liga reflejarían otros resultados. No se habría podido constatar «ninguna relación entre las roturas del tendón de Aquiles y el tiempo de juego previo a la aparición de la lesión».

